No es país para jóvenes

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Vivimos en la era de los datos. Bueno, de la tecnología en general, pero los datos forman un amplio espectro de los tiempos tecnológicos.

 

España es un país que está en la cola y en la cabeza a la misma vez, en varios indicadores estadísticos. Algunos relacionados y extraordinariamente incomprensibles, como por ejemplo, estar bien posicionado en el acceso a la educación superior según datos de la OCDE y sin embargo, se encuentra en los niveles más bajos de educación y cualificación. Lo que influye directamente en la inserción laboral juvenil y no se traduce en mejores oportunidades de empleo. También según la OCDE.

 

También existen otros datos como que España es uno de los países más longevos del mundo, pero a su vez, con mayor riesgo de pobreza y exclusión social y laboral. 

 

Un dato alarmante, pues ya se pasó hace años de preocupante. De ahí el título de esta entrada. No se trata de algo incómodo que es irreconocible o conspiranoico.

 

No se trata de una idea panfletaria, sino de un análisis veraz sobre los datos que están encima de la mesa, pero que nadie quiere prestar atención.

 

“No es país para jóvenes” parece un título dramático y de barata nostalgia. Un copy paste de aquel genial film de principios de los dosmiles, dirigida por los hermanos Coen, donde se reflexiona sobre la mortalidad y el destino, en un mundo violento donde la justicia y el sentido fracasan constantemente. 

 

Si bien es cierto he querido jugar con la ambigüedad entre el Western de Texas y la situación actual de los jóvenes de nuestro país. No se trata de una queja generacional (pues todavía soy y me siento joven), sino que se trata de una observación personal, un diagnóstico con datos en papel.


Resulta tan cotidiano tomarse un café por la mañana al despertar, como la precariedad del empleo vestido de norma para la gente joven del país. No menos precario (y cotidiano), el acceso a la vivienda que se convirtió hace ya algunos años en un lujo al alcance de unos pocos fondos de inversión extranjeros. 

 

Si eres joven, estás leyendo esto y además, tienes un empleo digno que te permite pagar a duras penas la hipoteca, significa que tu salario no compite a igualdad de condiciones con el coste real de la vida en España. La meritocracia prometida se abolió rápidamente con el devenir de los años. Ahora, mejor un oficio o un trabajo que no requiera apenas formación.

 

Estos apuntes son solamente algunos de los problemas estructurales de la nación. De ahí que muchos jóvenes llevan años tomando la dura decisión de abandonar por tierra, mar y aire. No es que no se quieran quedar, es que no pueden hacerlo. Y si lo hacen, a duras penas tendrán la vida prometida sin tirar de padres y/o abuelos. 

 

¿Acaso este país está preparado para ofrecer sólidas consignas para que un joven decida quedarse?

 

Irse no es un problema. Por qué se van si es el problema. 

 

Toda la vida la gente ha ido y ha vuelto. Esto no es novedoso. Nuestros abuelos (no todos) también tuvieron que emigrar en busca de una vida mejor. Eran otros contextos, si, pero se vieron obligados a marcharse, probablemente en contra de sus deseos.

 

La movilidad no es el problema. El problema es cuando emigrar deja de ser la opción para ser la estrategia básica de supervivencia.

 

El país que expulsa al talento joven no hace otra cosa que envejecer por dentro. No es solamente demografía, también es oxidación mental, económica y política. 

 

Tuve la suerte de nacer en el año 1982, como Naranjito, la mascota del mundial de fútbol de España ‘82. Nací en un mundo analógico y vivo en la era digital. Mi primera moto arrancaba con pedales y se trataba de tecnología punta. Mi última moto fabricada en 2024, copia la estética de las motos de los años 50 pero arranca con botón y cumple la euro 5. Todo muy normal…

 

Cuando pude trabajar, lo hice. No tenía problemas para encontrar empleo. Podría trabajar de mozo de almacén o de ingeniero en Airbus. Dependía exclusivamente de la edad y la formación. Nada más. Había trabajo sí o sí. No había excusas. 

 

Al principio, la gente humilde de mi quinta, empezábamos a trabajar de cualquier cosa. Nos sacábamos una pasta que nos permitía vivir de lujo. El más listo, ya ahorraba e invertía. El más idiota (cómo yo durante unos años) nos lo petábamos todo en ocio y divertimento. 

 

La cuestión no es de listos y tontos, sino que teníamos empleos de todo tipo. Jornada completa, media jornada, por horas. Los fines de semana. Nos permitía estudiar o simplemente nada más que trabajar. Y nos pagaban bien. Recuerdo mi segundo empleo. con dieciocho años, trabajaba de mozo de almacén. Turno de noche, así que por las tardes en el instituto, por las mañanas dormía. Por las noches me ganaba un salario. Nada mal, mil quinientos euros por siete horas semanales de lunes a sábado. Claro, en el año 2001. Éramos putos ricos.

 

Y no solamente me pasaba a mí, un suertudo de la vida. No, casi todo a mi alrededor, era así. Incluso mis familiares adultos, se ganaban muy bien la vida en general. 

 

Salía de fiesta más que tiempo pasaba en casa. Aún así, me sobraba pasta para ahorrar, ayudar a mis padres y prácticamente “quemar dinero”. En ese momento las viviendas eran asequibles, todo y que ya empezaban a subir de precio. Algunos de mis amigos, ya empezaban a comprar sus primeras viviendas, porque podíamos. Solo teníamos que quererlo. 

 

Ahora un joven por mil euros no trabaja. Claro, no es por los mil euros, es que aún teniendo un trabajo precario de diez horas diarias en un lugar mugriento, siguen sin poder ahorrar y forjarse un futuro. Por eso mismo no quieren trabajar. Yo sinceramente, no sé qué haría en esa misma situación.

 

Una comparación. Las empresas que no innovan, que se quedan igual que siempre porque creen que nada va a cambiar o si cambia, no les va a afectar, están destinadas al fracaso. El gran ejemplo de la historia contemporánea (entre otros), el de la tecnológica Blackberry. Se fue a la puta rápidamente con la entrada de los smartphones

 

Las matemáticas son una herramienta casi perfecta. Una matriz, una ecuación, operan de forma completamente sincronizada para obtener unos resultados absolutos y fiables.

 

Dicho esto, a menor innovación, menos emprendimiento real, más dependencia de estructuras arcaicas y mayor resistencia al cambio. El resultado: caída libre a mucha velocidad con riesgo de colisión fatal.

 

España no cuida a los jóvenes. Los medios te dicen lo contrario, pero te lo dicen para que tu cabeza siga metida dentro de su recto. Si no se cuida a la juventud, estás hipotecando tu futuro como país. Como nación. Aunque presumas de que “España va bien”. Da igual quien lo diga, si rojos, azules, amarillos o morados. 

 

La cuestión no es la actitud. Se trata de una estructura totalmente colapsada.

 

He escuchado muchas veces los tópicos de: “los jóvenes no se esfuerzan”, “antes lo teníamos más difícil”, “Esto es lo que hay con la gente de ahora” y otras mierdas más deleznables de escuchar.

 

Los números no mienten. Como digo (y repito) las putas matemáticas son casi perfectas. Perfectas serían si nos gustara a la mayoría de mortales. Las cosas serían rigurosamente diferentes.

 

Las reglas del juego han cambiado. En su contra. Peor para los jóvenes actuales.

 

¿Cómo le podemos pedir compromiso y esfuerzo a alguien que nunca tuvo estabilidad? ¿Cómo pedir pertenencia a alguien que a duras penas proyecta una vida digna?

 

Es como pedirle a un carterista del metro de Barcelona que no robe porque el peso de la ley, podría llegar a caerle encima algún día.

 

Un derrotero de falacias mal nacidas.

 

Llegamos al punto ideológico, pues “si eres socialista porque eres feminista y eres feminista porque eres socialista”, eres igual de burro que quien dice “Pedro, calienta que sales, más vale que te escondas en un maletero porque te vamos a meter en prisión”. 

 

Me la trae al pairo la ideología y la partitocracia. Hay que poner el foco en la plutocracia, el verdadero problema. Eso sí es una alerta social.

 

No hay que señalar culpables concretos. La responsabilidad es compartida: instituciones, mercado, políticas públicas, prioridades colectivas… Porque cuando un joven hace la maleta y huye en silencio, el ruido llega muy tarde y con mucho mayor coste. 

 

Reflexión.

 

En este país se trata de maravilla a la gente mayor. En realidad, comparándolo en cómo se trata a los jóvenes, pues, sin comparativas, los viejos en muchas cuestiones están “puteadísimos”. 

 

Pero en cuestiones de derechos, económicas, sociales, etc. el viejo pensionista de hoy, es un privilegiado. Pues una de las premisas de un partido político, independientemente del color de su bufanda, es conservar el mayor número de votos la mayor parte del tiempo. Pues esa premisa, es la salvaguarda del politicucho medio de nuestro país.

 

El joven no importa una mierda. Es más, el joven prácticamente no vota. El viejo si, llueva o nieve, sea domingo de agosto o Domingo de Ramos. El viejo vota. Por lo tanto, hay que satisfacer comprando el voto con subidas de pensiones como nunca antes en la historia. 

 

Las personas jóvenes construyen su vida como cualquier otra. A partir de una familia sólida, una formación que le permita un empleo con fundamento y una solvencia institucional que resuelva los problemas reales de los chavales y chavalas que deben construir el futuro de este país. Si es que tenemos futuro. 

 

Recientemente, hubo un encuentro familiar por cuestiones tristes de la vida. En ese encuentro de varios días, hubo momentos de todo tipo. Cuando la tristeza nos abandonaba temporalmente, se daban momentos de alegría y de reflexión. 

 

Soy el mayor de muchos primos. Mi familia es bastante grande. Tengo muchos primos y primas. Una prima, que tendrá unos veintiocho años y tiene un buen empleo, nos dijo que estaba hasta las narices y que había tomado la decisión de irse. 

 

El resto le preguntamos por sus motivos. Nos dijo textualmente que lo hacía por seguridad, por economía y porque no quería construir un futuro donde no tuviera garantías. 

 

Algunos otros primos confirmaron que ellos están en una tesitura similar. Los más mayores, los que superamos los cuarenta (que somos más bien la minoría), entendíamos perfectamente su postura.

 

Pues muchos de mis primos y primas, no han tenido todavía la oportunidad de trabajar. Los que han podido, lo hacen en circunstancias precarias. Algunos otros, no les queda otra que aguantar, pero el que está despierto, decide huir como el humano huye de la peste. Es lógico.

 

Me sorprende que todavía haya politicuchos que públicamente lanzan frases como: “Es bueno que se vayan, volverán más preparados” o “Los más jóvenes históricamente han emigrado porque tienen una gran ambición”. Claro… ¡Mis cojones!

 

¿Seguimos preguntándonos por qué esta gente todavía hace las maletas o tomamos conciencia de país para evitar que esto sea lo normal cuando debería ser lo extraordinario?

 

Dato mata relato.

 

La edad media de emancipación en España es de poco más de 30 años. En Europa son 26 años de media. Fuente: Eurostat. 

 

Un dato empírico que respalda este dato. Cuando yo era joven, era cliente de Caixabank. Antes se llamaba Caixa d’Estalvis i Pensions de Barcelona, el banco de la estrella azul de toda la vida. Disponían para sus clientes de El carnet jove. Era una carnet para jóvenes, que pagabas cinco euros al año y disfrutabas de amplios descuentos en ocio y cultura, gracias a la Fundación de La Caixa. La edad límite, 25 años. Años más tarde, lo ascendieron a 30 años. 

 

Y no es que los jóvenes de mi época fuéramos jóvenes con 25 años y los de ahora se ha estipulado que son 30 años, el tema está en que ahora un tipo o una tipa de 30 tacos, vive con sus padres y no tiene ni para pipas. Así que los descuentos son iguales, pero se ha subido la edad para poder beneficiar a más gente en la misma situación de mierda que los de 25. 

 

El salario medio en España para jóvenes de entre 18 y 34 años, está muy por debajo del precio de compra o alquiler de una vivienda. Desde 2015, no ha hecho más que subir. 

 

El banco, para conceder una hipoteca, te dice que el ratio de gastos no debe superar el 30% de los ingresos. Actualmente, el joven que tiene salario, el coste de vivienda supera el 50% del sueldo. Solo en cuota, a parte, gastos asociados a la vivienda y el propio coste de vivir. 

 

Si además, España sigue siendo precaria y parcial, pues tenemos el cóctel perfecto. 

 

Desde la famosa crisis financiera, crisis económica, crisis del ladrillo, qué sé yo cuántos nombres… los jóvenes cualificados han abandonado el barco como ratas. Y no lo digo en mal sentido, lo digo en sentido metafórico. 

 

Yo mismo, que era funcionario pero mi sueño (y propósito) no era el puesto fijo), y que había estudiado una carrera técnica, pude irme a trabajar a Andorra o Suiza. Tanto estos países, como Alemania, Reino Unido (ahora no tanto), Canadá, los países nórdicos, así como Andorra, Dubái, etc. pedían y siguen demandando personal técnico cualificado español. 

 

De ahí, por ejemplo, la película parodia de “Fuga de cerebros”. Es una parodia como “Torrente” de lo que pasa en España, pero es muy serio. Se van porque no pueden elegir, no porque no lo valgan. 

 

Tenemos buena preparación. Buena formación. Ahora casi todos hablamos más de un idioma internacional. No tenemos miedo a la movilidad. Si aquí no se puede comprar vivienda, no se puede ahorrar y tus perspectivas de futuro son más negras que el espacio profundo, rompes con el contrato social de facto y te vas. Así de sencillo. 

 

Conclusión.

Decir “No es país para jóvenes” no es una exageración, ni una consigna ideológica. Es una síntesis narrativa de:

  • indicadores económicos,
  • tendencias demográficas,
  • y comportamientos reales (emigración, retraso vital, precariedad).

Lo preocupante no es que alguien como yo lo diga. O simplemente que alguien se haga eco de ello. 

 

 Lo preocupante sería seguir negándolo.

 

Fin.

 

Gracias por leer esto.

 

Hasta que te vuelva a escribir, sé feliz.

 

Funcionario Presente ®

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